No es Suiza, es un pueblo de Almería y ha enamorado a National Geographic

No es Suiza, es un pueblo de Almería y ha enamorado a National Geographic

Por su arquitectura y las nevadas que de vez en cuando cubren sus tejados, podría parecer un paisaje de Suiza, pero este espectacular poblado abandonado está en Almería, en el corazón de la Sierra de Los FIlabres. Que National Geographic se detenga en un pequeño enclave del interior de Almería no es algo que ocurra todos los días y, sin embargo, ha sucedido. La reconocida revista ha puesto su mirada en el antiguo poblado minero de Las Menas de Serón, uno de esos rincones que, durante décadas, han pasado casi desapercibidos incluso para muchos almerienses.

Hace unos días publicaron en su web de viajes un amplio reportaje destacando su arquitectura «extraterrestre». Aunque más que de otro planeta, realmente National Geographic hace mención a una construcción de estilo centroeuropeo: la singular ermita de Santa Bárbara.

Construida en 1911, esta pequeña iglesia destaca por su campanario de aguja roja y un estilo que rompe con cualquier referencia andaluza. Según recoge el reportaje, podría parecer “trasladada ladrillo a ladrillo desde Europa central”, algo que la convierte en una pieza única dentro del patrimonio provincial.

Para un territorio como el Almanzora, acostumbrado a luchar contra la despoblación y el olvido institucional, este tipo de reconocimientos suponen mucho más que una simple curiosidad turística: son una oportunidad. Especialmente para un poblado que lleva años abandonado y que necesita urgentemente una puesta en valor que recupere este patrimonio arquitectónico y cultural.

Como destaca el reportaje de National Geographic, el subsuelo de los Filabres se convirtió a finales del siglo XIX en objeto de deseo de las grandes compañías mineras europeas. Primero por el plomo; pero luego llegó la fiebre del hierro, de mucha más calidad, a partir de 1885. Y las compañías comenzaron a establecerse en el coto. Primero una empresa belga conocida popularmente como «Casa Menas». Luego se fueron sumando compañías británicas y holandesas hacia 1910. Como no había poblaciones cerca de las minas, construyeron un pueblo con todo lo necesario, incluida la ermita.

Se levantaron todas las infraestructuras necesarias al modo del paternalismo industrial de las primeras colonias industriales, como la Casa del Director General, las tolvas, los talleres y los almacenes; pero también los pabellones de los obreros, el hospital, el economato, la escuela —separada, para niños y niñas— y el cine más tarde. Un pueblo montado de la nada que llegó a albergar a unas 2.000 personas en su etapa de mayor esplendor.

El origen de los constructores de este poblado influyó en el estilo arquitectónico elegido, tan diferente al de la Almería de aquella época. Utilizaron muros de carga de piedra, aristas reforzadas con ladrillo visto, techos de gran pendiente para evacuar la nieve, interiores con escalinatas de mármol blanco de Macael y sistemas de calefacción central. Según señala el autor del reportaje, José Alejandro Adamuz, podría parecer cualquier pueblo de Gales o Bélgica.

Con la caída de la minería en la zona, el que era un pueblo próspero fue quedando vacío y deteriorándose hasta llegar al estado de ruina actual. Fue en 1968 cuando cambió para siempre el destino de la zona. Y ahí siguen esos peculiares edificios, como testigos de un tiempo mejor.

Artículo de Víctor Visiedo publicado en Diario de Almería el 18 de abril de 2026