La ruta comienza en el corazón de Armuña de Almanzora, entre calles estrechas y casas encaladas que guardan siglos de historia. La iglesia parroquial y las pequeñas plazas son testigos de la vida comunitaria, donde antaño se celebraban ferias y encuentros vecinales.
Basta con adentrarse en el núcleo urbano; el casco antiguo se recorre a pie, disfrutando de cada rincón. Aquí se siente la huella de la tradición agrícola y el pulso de la vida cotidiana del valle.
Desde allí, asciende hasta el Mirador, situado en la parte alta del pueblo, alrededor del cementerio. Antiguamente, los pastores y vecinos se orientaban desde este punto para vigilar el valle. Al llegar, contemplarás un mosaico de huertas, el río Almanzora serpenteando y las sierras que abrazan el horizonte. Es un lugar para detenerse y respirar la inmensidad, ideal para la fotografía, el descanso y la reflexión, donde la historia se mezcla con la belleza natural.
Descendiendo desde el mirador, enlazarás con los antiguos senderos que comunicaban el pueblo con las huertas y cortijos. Sigue el camino que baja hasta encontrar el lavadero municipal “Los Caños”; pronto aparecerán los senderos entre almendros y olivos. Estas vías eran las arterias cotidianas de la comunidad, por donde transitaban mulas cargadas de cántaros y vecinos que iban al río o a las fuentes. Caminar por ellos es revivir la vida agrícola del valle.
El paisaje te regalará una gran diversidad natural:
Flora: Olivos, almendros, romero, tomillo, chopos y álamos.
Fauna: Aves rapaces como el águila perdicera, jilgueros, verdecillos, lagartijas y pequeños reptiles.

Desde aquí comienza el camino hacia el río, rodeado de huertas y bancales de almendros. Baja por el sendero que discurre paralelo a la acequia, un trazado sencillo y tradicional usado antiguamente por los vecinos para ir a regar o lavar.
Tras unos 10 minutos de caminata tranquila, asomará la rambla de Cela. Allí te encontrarás con el Puente de los Tres Ojos, llamado así por sus característicos arcos de piedra. Este puente se levantó en el siglo XIX, cuando el ferrocarril del Almanzora (de Lorca a Baza) atravesó estas tierras. Su construcción permitió salvar el cauce del río y asegurar el paso de trenes y mercancías hacia la cuenca minera y agrícola. Los arcos fueron diseñados para resistir las crecidas y dar solidez a la infraestructura.
Hoy, la Vía Verde del Almanzora atraviesa el puente por su parte superior, transformando la antigua vía férrea en un sendero para ciclistas y caminantes. Aquí, el visitante se detiene, contempla y siente cómo la historia y la naturaleza dialogan en silencio.

Esta ruta enlaza memoria y paisaje: el casco antiguo que guarda la tradición, el mirador que abre el horizonte, los senderos que narran la vida agrícola y el puente que nació con el ferrocarril, símbolo del progreso que transformó el Almanzora.
Redactado por Eva Mª Navarro Lara
